lunes, 15 de junio de 2020

Conferencia. Eugenio Coseriu.

MIS PERLAS LITERARIAS 58
13-06-2020

Después de varias perlas chocantes, creo que debemos cambiar porque tan malo es no reír nunca como estar riendo continuamente. El siempre sabio pueblo lo ha condensado en la frase "entre col y col, un entrecol" que, en los años del hambre, era "entre col y col, lechuga". Por eso, hoy toca pechuga.

Cuando yo era alumno universitario de filología, el rumano Eugenio Coseriu (1921-2002) era como un dios en esa especialidad. En 1988, ya impartiendo mis clases en Moratalla, leí en el periódico que Coseriu iba a dar una conferencia en Murcia y me fui a escucharlo. Me alegré de asistir porque me sorprendió mucho más de lo que esperaba.

Voy a reconstruir una anécdota que contó, en un castellano impecable, y que recuerdo casi con sus mismas palabras. La reconstruiré en primera persona, como él hizo:

Un profesor de primaria, amigo mío, se lamentaba de la poca creatividad de sus alumnos a propósito de una redacción que les había propuesto sobre una excursión que había hecho con ellos. Me decía que todos habían dicho más o menos lo mismo. Que habían visto unas ovejitas comiendo en la montaña, un río, muchos árboles, etc. Y yo le dije que sus alumnos sí eran creativos, lo que ocurría es que estaban en fase de aprendizaje y aún tenían que perfeccionarse. Como se resistía a darme la razón, le puse un ejemplo. Le dije que eligiera cualquiera de aquellas redacciones y me la leyera en voz alta. Efectivamente, era más o menos lo que él ya había apuntado y el niño sólo enumeraba las cosas que había visto. Entonces yo le dije que añadiera esta frase al final: “No he visto a Dios, he visto la muerte.”

P.D. 1 En aquel momento yo sí estaba viendo un dios apellidado Coseriu que me hizo comprender magistralmente que la creación literaria tiene algo de innato pero mucho de aprendizaje, como todo en esta vida.
Yo, que no podía abrir las bolsas nuevas del súper antes de esta guerra, estoy aprendiendo ahora a abrirlas incluso con los guantes de plástico puestos y las pegatinas del peso de la fruta pegadas entre dedo y dedo, y todo eso a punto de asfixiarme por la falta del oxígeno que me roba la mascarilla. 

P.D. 2 Creo que la acabo de cagar con este ejemplo para cerrar un asunto tan serio como el de la perla de hoy ¿No será que el cachondeo, además de algo innato y mucho de aprendizaje, crea adicción? Voy a tener que mirármelo pero con cuidado no vaya a ser que me escostille como la del DICHO 3 de mi propia serie de vídeos.


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